-No pido que me comprendas-
Se debió a la mediación del almirante francés Abel Bergassi Du Petit Thouars participaron Sterling y Comodoro Sobranoi, cuya flota se encontraba dispuesta cerca del Callao.
Cumplieron su cometido de humillar a la aristocrática ciudad sin destruirla. Se llevaron libros, manuscritos y otros objetos de valor de la Biblioteca Nacional, la universidad de San Marcos y la Escuela de Ingenieros; saquearon el Palacio de la Exposición (actual museo de arte de Lima), los chilenos no encontraron quien les firmase el tratado que buscaban.
Patricio Lynch, jefe chileno de ocupación, con la esperanza conseguir un tratado acorde con las aspiraciones territoriales chilenas, convocó una junta de vecinos notables limeños a fin de nombrar un representante para el Estado peruano, allí se denotó al prestigioso abogado civilista Francisco García Calderón como presidente un 22 de febrero de 1881. Su gobierno se fundó en Magdalena, entonces el pueblo de las afueras de la ciudad. En una actitud que lo honra, García Calderón se negó a cualquier arreglo con los chilenos que involucrara la entrega de nuestro territorio.
Por este motivo, lo arrestaron y lo enviaron a Chile, donde se mantuvo prisionero hasta después de la firma y confirmación del Tratado de Ancón.
Entonces, el ejército de ocupación chileno, nombró al General Lizardo Montero “Encargado militar en Lima”.
En la sierra central, Cáceres había dado inicio a la Campaña de la Breña con el objetivo de expulsar al ejército invasor; en la sierra norte Manuel Iglesias, el poderoso ciudadano cajamarquino, tomó la decisión de poner fin a la guerra por presión de los hacendados norteños quienes temían la destrucción o pérdida de sus propiedades, es así que desde la hacienda, Montán lanza la proclama de paz cediendo territorio un 31 de agosto de 1882, donde fue rechazada por Cáceres, quien continuó luchando por la expulsión de los chilenos.
El ejército chileno; que experimentaba derrota tras derrota en la sierra central; inmediatamente aceptó la propuesta de Iglesias y lo nombró “Presidente regenerador del Perú”, al año siguiente (1883), se firmó en Lima el Tratado de Ancón, siendo designado por Perú el diplomático Antonio de Lavalle y por Chile el plenipotenciario Jovino Novoa.
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